sábado, 26 de marzo de 2016

La delgada linea entre el enfermo y el cuidador


Siempre a tu lado

UN TOQUE DE CONCIENCIA




Autora:Clairet Reyes.





miércoles, 23 de marzo de 2016

LA DELGADA LINEA ENTRE EL ENFERMO Y CUIDADOR

La enfermedad es, esa sacudida que nos da la vida, a veces. Pararnos ipso facto ante lo que estemos haciendo y replantearnos todo nuestro plan. 

Cuando una persona cae enferma, se le debe cuidar para conseguir hacer más llevadera su enfermedad, pero ... ¿Quién cuida al cuidador?

Existe una delgada línea que separa la vida de un enfermo y de quien le cuida.  La persona  que está enferma, espera que le cuiden, que le protejan, que le guíen. Debe dejar, en oportunidades de ejercer su normal vida, para dejarse estar, es la única manera que puedan sanarse, dejarlo todo y pensar solo en su salud.
Mientras que, el que cuida, debe ser fuerte, saber qué hacer en un momento de urgencia, saber resolver, estar siempre cerca, sin dejar su vida de lado,  debe continuar con su trabajo, con la familia, las responsabilidades, con vida  simplemente dejarlo todo entregando casi su existencia al cuidado de quien lo necesita, y así lo espera.
El enfermo siempre estará atendido en el hospital, por enfermeras, médicos, fisioterapeutas, personal de servicio. Se le pregunta ¿Cómo sigue? ¿Cómo está? ¿Qué necesita?...
Al cuidador, se le da por hecho que es el fuerte, es “al que le ha tocado”, y el que no tiene derecho a pedir ayuda. No se le pregunta ¿Cómo esta? y en escasas oportunidades se le pregunta ¿dormiste bien? La respuesta es obvia, ya que tienen para dormir un sillón reclinable donde escasamente se pueden mover.

 Las enfermeras del turno de noche (benditas todas por su profesión), entran a colocar las dosis que corresponden cada dos horas y en oportunidades cada media hora, dependiendo de la gravedad del mismo...

LA VUELTA A CASA
Cuando se llega a casa con el enfermo, de recuperación, es mucho mejor ¡ya estás en casa! Pero comienza otro proceso... Se da por hecho que todos están descansado. El paciente continúa requiriendo sus medicamentos, pero ahora es el familiar,  quién sustituyendo a las enfermeras debe coordinar los horarios,  de los medicamentos a tiempo; debe seguir con la vida diaria de la casa y si tiene un tiempo, echar alguna que otra cabezada por la noche.
Hay  enfermos que son receptivos. Es más fácil de cuidar, aquel que se deja ayudar, y atender. 
Pero si toca un paciente que por su enfermedad o carácter  es intranquilo y neurótico, tendrás que lidiar con una dosis más de paciencia de la habitual.
Y es que existe una delgada línea que separa al enfermo del cuidador, donde los derechos y los deberes de cada uno se unen en un amor fraternal para hacerlo más llevadero.



En este sentido, si usted es un enfermo  ¡por favor tenga compasión con quien le cuida! Trate de ser considerado. Si siente un poco de mejoría, demuéstrela, por ello no se le va a abandonar, pero le dará un grandioso margen de tranquilidad a su familiar.
Si usted es cuidador, tenga paciencia, al fin y al cabo a nadie le gusta estar enfermo, y recibir pinchazos, tomar medicamentos cada hora, sentirse mal... ser dependiente. La única manera de superarlo es con el amor profundo que usted siente por su enfermo. Saque todo ese amor, expréseselo, no encontrará mejor momento.
Y si usted es familiar cercano ¡por favor, ofrezca su ayuda! Aunque el cuidador no se la pida. Insista, insista en que duerma. Quédese con el enfermo y sustituya al cuidador unas horas para que pueda descansar, dar una vuelta, respirar... Esto le permite al cuidador tener perspectiva y ganar fuerzas. Llévese al cuidador a otro lugar fuera del hospital o del entorno del enfermo. O simplemente a tomarse un desayuno, mientras alguien se queda con el enfermo. 

Piense que esa persona que se convierte en el cuidador, aun teniendo alternativas, decide cuidar  al enfermo y permanecer a su lado hasta su recuperación.
Cuando hay un enfermo en la familia (y esto es inevitable en algún momento de la vida) se debe formar un equipo coordinado de acción.


He visto familias donde existe mucha colaboración, trabajan como un engranaje perfecto. 

He visto a pacientes salir del quirófano,  enfermeras llamar a familiares y no aparecer nadie.


He visto también a familiares acompañantes querer tomarse un café, pero no se atreven a moverse para no dejar al paciente solo. 


He visto cuidadores comer un trozo de pan de la bandeja que le corresponde al enfermo, porque nadie se le ocurrió llevarle comida, porque  presuponen que “está bien” y no le falta de nada.
Nadie está bien en un hospital, salvo el personal que trabaja y recibe un sueldo por ello y hacen su trabajo con dedicación y esmero.
Enfermos, familiares y cuidadores... es aquí donde la delgada línea pareciera no existir, pero es donde el dicho “en la unión esta la fuerza” gana más sentido.

La palabra que define el proceso es compasión. Compasión por el enfermo, por el cuidador, por su familia. No te limites a preguntar ... ve, presta la ayuda necesaria, con todo el amor del mundo, con la dedicación y la excelencia que su alma pueda demostrar... Ya el Universo se encargará de regresarte multiplicado el tiempo, el dinero, el esfuerzo y la intención. 


Quiero aprovechar este artículo para agradecer al personal de la 3era y 4ª planta del "Hospital Ramón y Cajal", al personal de quirófano, desde camilleros, celadores, enfermeras y médicos por su dedicación, por su vocación y por lo bien que tratan a los pacientes y familiares… “¡¡¡Gracias!!!”.
A la zona de oncología, y la maravillosa Unidad de ICTUS del "Hospital Ramón y Cajal", desde las chicas de recepción. A Voluntarios de la Asociación Española Contra El Cáncer.  Médicos y enfermeras.  Dios los bendiga a todos, hacen un trabajo excelente,  permiten que la angustia sea más llevadera ¡Gracias... un millón de gracias! © Cjrt

domingo, 29 de noviembre de 2015

MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD TOMO 1 
Por ELENA G. DE WHITE 
SECCIÓN I EL ESTUDIO DE LA MENTE 
1. Su importancia 
La obra más delicada. 
Tratar con las mentes humanas es la obra más delicada en la cual los hombres 
estuvieron alguna vez ocupados.- 3T 269 (1873). 
Conocer las leyes que rigen la mente y el cuerpo. 
Es deber de toda persona, para su propio bien y el de la humanidad, conocer las 
leyes de la vida y obedecerlas con toda conciencia. Todos necesitan conocer el 
organismo más maravilloso: el cuerpo humano. Deberían comprender las 
funciones de los diversos órganos y como éstos dependen unos de otros para que 
todos actúen con salud. Deberían estudiar la influencia de la mente en el cuerpo, 
la del cuerpo en la mente, y las leyes que los rigen. -MC 89, 90 (1905). 
Adiestrar y disciplinar la mente. 
No importa de quién se trate. . . el Señor os ha bendecido con facultades 
intelectuales capaces de vasto desarrollo. Cultivad vuestros talentos con fervor 
perseverante. Educad y disciplinad la mente por el estudio, la observación y la 
reflexión. No podéis encontraros con la mente de Dios a menos que pongáis en 
uso toda facultad. Las capacidades mentales se fortalecerán y desarrollarán si 
salís a trabajar con el temor de Dios, con 4 humildad, y con una ferviente oración. 
Un propósito resuelto realizará milagros. -NB 302, 303 (1915). 
El potencial de la mente disciplinada. 
Tiene que practicar la disciplina propia. . . Una mente común, bien disciplinada, 
efectuará una obra mayor y más elevada que la mente mejor adecuada y los 
mayores talentos sin el dominio propio. -PVGM 269, 270 (ed. PP); 234 (ed. ACES) 
(1900). 
Tratar con las mentes es la mayor obra. 
El futuro de la sociedad está indicado por la juventud de hoy. En los jóvenes 
vemos a los futuros maestros, legisladores y jueces, los dirigentes y el pueblo que 
determinarán el carácter y el destino de la nación. Por lo tanto, cuán importante es 
la misión de los que han de formar los hábitos e influir en las vidas de la 
generación que surge. 
Tratar con las mentes es la mayor obra jamás confiada a los hombres. El tiempo 
de los padres es demasiado valioso para gastarlo en la complacencia del apetito o 
para ir en pos de la riqueza o de la moda. Dios ha colocado en sus manos a la 
preciosa juventud no sólo para que se la capacite para un lugar de utilidad en esta 
vida, sino para que sea preparada para las cortes celestiales. -Te 240 (1886). 
La utilidad del maestro depende de su mente disciplinada.